Cierra los ojos mientras le acarician los labios, y tras los párpados cerrados adivina su mirada, la misma que recorre su rostro y viaja por los recodos de su cuerpo en toda su lánguida desnudez. La calidez que él despide borra momentáneamente la gelidez de otros parajes, desterrando recuerdos que bloquean la luz y apagan la risa. Los arrullos la acunan, silenciando la música fúnebre de los silencios que pueblan la recámara de su mente. Presente y pasado se mezclan en los caprichos de la imaginación, invasores, se exploran el uno al otro. Se concentra en la respiración y los círculos que dibujan sus caderas, convidando al olvido a unirse al festín. Regala una sonrisa, hace eco a sus gemidos, se retuerce. Trepa por su cuerpo, afianzando los talones a sus caderas, imagina que escapa, vuela, clava las uñas en el ahora para no perderse. La danza destierra ausencias y ella deja de estar a la deriva de la añoranza por la que vaga algunas noches, se desdobla, ya no se recono...
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